Un Camino Solitario
"No es paranoia si existe un riesgo real."
sábado, abril 13
Una botella arrojada al mar...
¿Por decir que, aquí estamos? Con todo. Y a pesar de todo.
¿Por decir que nos hemos dado un festín con el dolor y los gritos de nuestro portador? Su angustia, lágrimas, ira y frustración nos ha alimentado hasta reventar. Hasta la saciedad. Su alma sangrante y llena de heridas ha sido un manjar.
O solo mencionar que la llama de la hoguera es muy alta. Y que aterrizaremos ahí.
¿No?
No. No hace falta saberlo.
No hace falta.
sábado, marzo 9
Alma de Soldado
La guerra depende del cristal con que se mire.
Si le haces caso a los veteranos, llenos de cicatrices y muescas en sus armas, te dirán que es emocionante ir por ahí con tu arma, decapitando, masacrando... liquidando a los enemigos sin vacilar porque ellos, valientes guerreros de incontables batallas, han logrado sobrevivir bajo la premisa inquebrantable: "no tengas piedad, pues nadie la tendrá de ti". Si le haces caso a los soldados, te dirán que es desgastante tener que obedecer sin cuestionar las órdenes de los superiores, esos gritones orcos que se sienten superiores al resto, y creen que solo sus tácticas funcionan; o ya sea ganando o perdiendo, siempre la gloria se la lleva el comandante, nunca el soldado.. y siempre será la culpa del soldado obedecer una mala orden del comandante. Si le haces caso a los novatos, te dirán que es un infierno.
Cuando fui a mi primer batalla, me di cuenta que la guerra no era ni remotamente parecida a lo que me habían contado. Nadie te habla acerca de esos soldados que están junto a ti, pálidos y sollozando "vamos a morir... vamos a morir..." cada tanto, inertes cascarones llenos de terror ante la magnitud de lo que se cierne sobre ellos; o de otros soldados que, vomitando por el nerviosismo, manchan sus tabardos, sus armaduras, sus posesiones... o las tuyas. Nadie te habla del hedor a sangre seca, a sudor, a heridas recientes o supurantes y excreciones de todo tipo. Nadie te habla de los puestos de auxilio, donde los sanadores atienden heridas que van desde cortadas, contusiones o fracturas hasta heridas que se quedan indelebles en tu memoria, que dejan ver las entrañas de tus camaradas... y te orinas, de ira y miedo, de pensar que pudiste ser tú. Nadie te habla de la peste a magia demoníaca que te impregna las fosas nasales y te lastima, sea amiga o enemiga. Nadie te habla de la poesía que es el combate, el festín de carne y sangre para las armas... el aroma a terror, carroña y honor en el aire. Nadie te habla del diario tributo al que parece el único dios verdadero en Azeroth: la Muerte.
Mi nombre es Olath Clamalluvia, chamán de la poderosa Horda, y comprendo el ir y venir de los espíritus. Sin embargo, he de admitir que soy diferente al resto de mis hermanos, los Tauren. Cuando la mayoría son meditabundos y estoicos, a mí me consideran demasiado beligerante, demasiado agresivo. Y no es para menos. He tomado un gusto por la sangre que es antinatural en mi raza. La pasión... el ansia de sangre, como el espíritu de fuego con el que comulgo, me domina a la hora de luchar.
Mi primer batalla fue en el Valle de Alterac, y la recuerdo muy bien, pues fue el primer vistazo al horror y la desolación que estoy destinado a infligir en los enemigos de la Horda. Se me ordenó, junto con muchos otros soldados, ir a apoyar al más grande maestro chamán que haya existido, el poderoso Drek'Thar, y sus soldados del clan Lobo Gélido y justo en esa batalla fue donde caí en cuenta de lo que el espíritu de la Tierra me dijo hacía años ya: "Sabe que las montañas son tu fuerza, las planicies tu paciencia... y el mundo entero, tu esencia". Nunca había reparado en ello... hasta ese día.
La cueva por donde se entraba al campo de batalla estaba llena de soldados. No tenían mucho armamento, si acaso alguno llevaba vendas, gazas o cuchillos para amputarse un miembro si era necesario. Lo que sí es que eran numerosos.
- Sepan, soldados, que ganaremos ¡cueste lo que cueste! - vociferó nuestro comandante Balkorg, un imponente orco al que le faltaba la mitad de la nariz -. Si los perros que envíe la Alianza avanzan un solo paso, yo mismo me encargaré que sus cabezas adornen el camino al Valle del Honor, ¿está claro?
- ¡Sí, señor! - respondimos. No al unísono.
El comandante iba y venía dando órdenes con una voz convertida en un rugido.
- Han asesinado al capitán Galvangar. Han destruido una de nuestras torres de defensa en el cementerio Sangrefría. Pero nosotros hemos logrado destruir los dos búnkeres de Dun Baldar. No hay piedad. No hay temor... ¡POR LA HORDAAA!
La táctica, dentro de lo que alcancé a comprender, era llegar a la imponente fortaleza enemiga, al norte del valle, y asesinar al comandante, el maldito enano Vandar Picotormenta. Eso era todo. Sonaba fácil, pero lo fácil nunca es lo mejor, y ya le había costado a los nuestros más de doscientos cadáveres que, regados a través del valle, confirmaban que la batalla tenía grandes posibilidades de empeorar. Mi deseo en esa batalla era ayudar con los poderes elementales, con la invocación de los espíritus naturales en toda su fuerza y esplendor... pero pronto vi que era más prioritario atender heridas y curar a los demás.
Se abren las puertas y cabalgamos. La primer oleada en el Paso de Ala Gélida es repelida por las tormentas de hielo invocadas por los magos, los truenos convocados por los druidas y las flechas certeras de los cazadores. Dejamos una estela de cuerpos en nuestra retirada.
Segunda oleada. El flanco izquierdo está lleno de guerreros sedientos de sangre, retándonos para bajar a luchar. Perros desgraciados... se envalentonan por esa hilera de sacerdotes y paladines que hacen desaparecer sus heridas y mitigar sus dolores. Nosotros no tenemos eso. Volvemos a retroceder. En esta ocasión, una flecha se llevó parte de un cuerno y de mi oreja izquierda. Ya sanará...
Tercera oleada. Los pícaros infiltrados que destruyeron los búnkeres nos avisan que la defensa es férrea. Y no solo eso, aumenta a cada segundo. Parece que se replegaron para desarticular nuestra estrategia, y los refuerzos se atrincheran en Dun Baldar. Vi a una maga elfa de sangre ser cortada a la mitad en nuestra retirada.
Cuarta oleada. Gnomos. Ah, gnomos. Esas pulgas escurridizas. Ahora estamos atrapados en el Paso de Ala Gélida: llegan del norte fuerzas enemigas, y llegan del sur enviadas por la capitana Balinda Piedrahogar. Ya para entonces, la moral de nuestras fuerzas era inexistente, y la derrota parece inevitable...
Y entonces, llegó.
Desmontó de su tigre esmeralda acorazado, que dicen las leyendas solo consiguió en lo más profundo en las tierras de Zul'Gurub. Con una armadura negra como la noche, y unos ojos llenos de odio y de sabiduría. Le acompañaban dos escoltas con capas rojas, armados hasta los dientes.
Los Caballeros de la Muerte habían llegado. Había llegado el imponente maestro de batalla Hess, uno de los más poderosos no-muertos que caminó en nuestras filas. Le apodaban "Víbora de Cascabel".
- ¿Quién es Balkorg? - se escuchó en eco su voz dura, pues no tenía la parte inferior de la quijada.
- Ee-eehh... yo. Yo señor... estamos... estamos por atacar... - dijo el orco. Se notaba el miedo en su respuesta.
- Estimado Balkorg, tengo este pergamino para usted directamente de las manos de mi superior, el gran Cromush. Como puede ver, la situación ha... cambiado - y le extendió un sobre lacrado -. Tengo nuevas órdenes. Léalo y entenderá.
El orco abrió el sobre y, no bien le echó un vistazo, el maestro de batalla Hess lo decapitó. De su mano inerte cayó un pergamino que sólo tenía escrito una palabra. "Inútil".
- Bueno soldados, yo estoy a cargo ahora de esta batalla - nos dijo -. Iré en la primera fila, con mis hermanos Kazandar y Sularam. ¿Quiénes ya han tenido experiencia en más de diez batallas pasadas?
Algunas manos se alzaron. Pocas, realmente, no más de veinte.
- ¿Quiénes son sanadores?
Alcé la mano con otros seis compañeros... y el maestro Hess se me quedó viendo.
- Preparen sus armas, fortifiquen las trincheras antes del asalto... -dijo, sin dejar de verme -. Y tú chamán, ven conmigo.
Temiendo por mi vida, tal como le había ocurrido al pobre Balkorg en sus últimos momentos, lo seguí. Nos detuvimos en la cima del camino que subía del búnker de Piedrahogar, ahora en llamas. El no-muerto volteó a verme y me dijo:
- Tú no eres un sanador.
Me miraba fijamente. Podía sentir cómo mi interior se tornaba hielo. En ese momento, yo no entendía sus palabras.
- Pe-pero señor, claro que lo soy. La Madre Tierra me ha bendecido con su toque. He curado heridas mort...
- No importa. Tú no eres un sanador - me dijo, sin dejar de verme.
- ¿Por qué lo dice, señor? - me aventuré a preguntarle.
Él volveó a ver el centro del valle, la tan famosa "tierra de disputa", como si pelear por un pezado congelado de mundo valiera la pena. Había esqueletos, cadáveres y fuego.
- ¿Cuál es tu nombre, tauren? - dijo, sin mirarme.
- Olath, del clan de Clamalluvia, señor. Juramentado hace años ya por nuestro venerado Cairne Pezuña de Sangre, la Madre Tierra sea con él.
- Dime Olath, ¿qué es para ti la guerra?
Nunca alguien me había preguntado eso. Todos me habían dicho su visión, pero ¿cuál era la mía? Lo medité un poco, y entonces respondí:
- La guerra es esto, mi señor. Luchar. Luchar siempre.
El maestro Hess volteó y soltó una carcajada.
- JAJAJA... bien contestado, tauren. Sobrevivir. Apretar los puños. Gritarle al mundo que no te dejarás vencer. Atacar primero, atacar dos veces. Siempre con más crueldad. Siempre con más odio. No hay piedad. No hay remordimiento.
Asentí.
- Entonces, ¿por qué estás sanando a tus compañeros cuando deberías destruir al enemigo?
- Pues... era necesario. Nos estaban masacrando. Y si he de ayudarles pues...
El maestro Hess me interrumpió con su mano, y me dijo:
- ¿Y crees que les has ayudado? ¿O solo has prolongado su muerte?
Volví a quedar pensativo.
- En la Horda debemos elegir, tauren. Una vida larga y aburrida, como la de un árbol en el bosque; o una vida corta y hermosa, como la de un lobo. Y los lobos tienen fauces dispuestas a devorarlo todo. Y si se ven acorralados no dejan de luchar. "Lok'tar ogar" es nuestro grito de batalla, y significa "Victoria o Muerte" pero no una muerte aburrida y ociosa. No. Siempre aspiramos a una muerte gloriosa.
El maestro Hess desenvainó su espada. Lo miré aprensivo.
- Así que, chamán. ¿Qué eliges?
...
Octava oleada. Los tres caballeros de la muerte reaniman los cadáveres de amigos y enemigos por igual, ante la mirada de sorpresa y asco de muchos. Un ejército nauseabundo y profano se lanza contra las defensas de la Alianza, que se ve superada en número. Como bien lo dijo el maestro Hess, él encabeza a nuestras fuerzas en la vanguardia... conmigo al lado. Invoco a los poderes del Espíritu de Fuego, ese espíritu tan caótico y violento que me enciende la sangre como si fuera magma. Y nuestras fuerzas han cambiado su moral: ya no tienen miedo. La desazón que se sentía era tanta, y el recuento de los horrores vividos hasta ahora les desbordó el alma... que superó sus límites y los llevó a un punto nuevo. Ahora no sienten temor. Ya no nos importa morir.
En lugar de retroceder, nuestras fuerzas avanzan. Y los que caen muertos o malheridos son pisoteados por los que vienen detrás. Las fuerzas de la Alianza no saben repeler nuestro ataque y sus soldados caen como espigas cortadas con una hoz. Podía sentir el flujo de los espíritus. Su toque. Su violencia.
Llegamos a Dun Baldar, con nuestras fuerzas luchando en el puente y los búnkeres destruídos de los enanos, y las puertas de repente se abren de par en par. Mientras que peleábamos encarnizadamente con las numerosas fuerzas apostadas en la mina Ferrohondo, el rey de la montaña se abre paso hasta nuestra posición.
Vanndar Picotormenta había venido a nuestro encuentro.
- Ya veo que a estos perros hay que darles palo. Si se quiere algo bien hecho, lo debe hacer uno...
El maestro de batalla Hess se abrió paso y lo miró frente a frente.
- El pequeño Vanndar viene como un carnero a alimentar a los lobos - le dijo riéndose -. Nuestras armas quieren probar tu sangre, ¿crees que puedas darnos ese gusto?
- ¡¡Cierra el hocico, perro, y ven por una probada!! - gritó el enano y se lanzó contra el no-muerto.
Las espadas se cruzaron. El enano daba golpes con su hacha y su maza que podrían haber reventado los órganos de un soldado sin quebrarle la armadura. Pero el maestro Hess no tenía un rasguño. Su cuerpo se tornó sólido como un témpano de hielo y sus movimientos ágiles fueron hiriendo los puntos débiles del cuerpo del rey de la montaña. Las enfermedades que esparcía, las atajadas, sus esbirros atacando al enano, sus técnicas parasitarias... todo se conjuga en ese duelo a muerte que Vanndar estaba destinado a perder.
- Vanndar... te sentencio... a... ¡MORIR!
Y el maestro Hess, veterano de mil batallas con nuestras fuerzas, lanzó su espada directamente al pecho del enano y le atravesó el cuerpo, sacándole un último grito. Ahí quedó su carroña, ahogándose en su sangre. Con los ojos llenos de odio. De desesperanza.
La batalla había terminado.
Los cuernos sonaron. Los enanos huían aterrorizados y los nuestros les perseguían como un leopardo cazando a un conejo. Los tambores resonaron y mientras los heridos daban alaridos y gritaban por curaciones urgentes, el grueso de nuestras fuerzas vitoreaba al unísono:
- ¡Víbora! ¡Víbora! ¡Víbora! ¡Víbora! ¡Víbora!
La víbora, en efecto, había mordido. Y la presa murió.
El maestro Hess tomó su espada del cuerpo inerte del enano y me volteó a ver. Tenía un brazo fracturado y una herida en la cabeza que dejaba ver su cerebro. Me acerqué a él llevándole su yelmo negro. Volvió a ponérselo, había salido volando en un movimiento de maza del enano, que sospecho fue lo que le abrió el cráneo, y montó en su tigre acorazado. Me miró y dijo:
- Fuerza y Honor, Olath. Hoy. Ahora. Siempre.
Lo entendí. Las palabras del maestro Hess me dieron la respuesta. La respuesta a aquellas palabras que el Espíritu de la Tierra me dirigió.
Las montañas son mi fuerza... pero hasta las montañas se parten a la mitad. Las planicies son mi paciencia... pero hasta las planicies tienen fin. Y el mundo entero es mi esencia... un mundo enfermo, corrupto, lleno de odio y de violencia... mi mundo, nuestro mundo.
Es por eso que tal es mi esencia, tal es mi convicción. Este mundo está podrido... o pudriéndose, según lo mires y lo aceptes, y yo con él. Estamos llenos por dentro y por fuera de gusanos que solo se sacian con carne y sangre, quieras o no creerlo. No hay lugar para la piedad, no hay momento para dudar. Este es nuestro destino, esta es nuestra esencia: somos instrumentos en una sinfonía de terror y muerte. Somos hijos nacidos de un mismo vientre: hemos nacido de la Guerra.
¡Lok'tar ogar!
jueves, febrero 14
Una promesa...
Te prometo que no será fácil. No quiero que sea fácil. Me encantan los retos.
Te prometo que habrá días en los cuales dudes de tu cordura al estar junto a alguien como yo.
Te prometo que en toda mi locura, siempre estarás presente. Siempre serás la constante de mi vida.
Te prometo nunca dejar de fascinarme por ti. Nunca perderme la oportunidad de permanecer toda una eternidad nadando en tu mirada.
Te prometo que siempre sonreiré. No porque me vea mejor sonriendo. O porque quiera impresionarte. Sonreiré porque estoy feliz contigo.
Te prometo nunca cortar tus alas. Nunca te diré "no podemos". Nunca te diré "espera, detente". Nunca seré un ancla. Anhelo ser combustible.
Te prometo escuchar atentamente. Y poner atención a cada palabra. No me preocupa no conocerte. Tendré toda una vida para hacerlo.
Toma mi mano y entonces comenzará nuestro viaje, con rumbo a blancas costas.
Y te prometo que, ese viaje, nuestro viaje, será maravilloso.
jueves, enero 17
Corazón de Soldado / Carta a un Amor
Tengo sueño, mis compañeros dormitan junto a mí. Es curioso que en la mañana bromeáramos acerca de "descansar, porque estarás molido para mañana" y en la tarde, cuando las huestes se cernieron sobre nuestra posición, vimos como a cientos de los nuestros literalmente les molieron: acá un brazo, allá una pierna, por acullá la cabeza.
El infierno de pronto ya no me parece un lugar tan malo para ir a descansar. Si logramos soportar esta noche y la mañana del día siguiente, podremos avanzar sobre ellos. Pero mientras tanto, nos toca morir aquí.
Mi arma está manchada con la sangre de mis enemigos, tinta con su vitalidad, exhalando suspiros de vida. Líneas negras y rojas la recorren, delgadas y anchas, a lo largo de su filo y las contemplo hipnotizado. Siempre me he esforzado por ser uno de los mejores en la primera línea, pero si bien no he muerto hasta ahora en las incontables batallas que he enfrentado, eso no es garantía. Nunca se sabe si verás otro rayo de sol.
Hemos estado en esta posición durante tres días. El enemigo no se da por vencido, y envía oleada tras oleada de sus efectivos contra nosotros. Y, de igual forma, cada una es repelida por nuestras armas y por nuestras defensas. Sus cadáveres tapizan la hondonada... pero también hay cientos de nuestro bando.
Y en todo este horror, dentro de toda esta carnicería... no dejo de pensar en Ti. La luz de mis ojos, mi Luna en el cielo nocturno.
Quisiera que la vida me diera la oportunidad de poder estar contigo. De terminar con todo este embate de enemigos y estar de nuevo acurrucado entre tus brazos. Porque lo único que me ha mantenido alejado de la locura es el recuerdo de tu mirada y tu voz diciéndome al oído lo mucho que eres feliz a mi lado... Es la única forma tolerable de soportar las vicisitudes de este enfrentamiento. de esta putrefacción.
El enemigo está a nuestras puertas de nuevo. Vocifera y ladra intentando entrar a nuestra posición. Pero no lo conseguirá. Oh, no, no podrá. Yo te defenderé de su beligerancia, mi Luna, y nos salvaré de sus garras.
Solo te pido fuerzas... fuerzas para ver un nuevo día.
lunes, diciembre 31
Una Feliz Agonía
Otrora hacía un recuento de qué es lo que había sucedido. Un recuento de lo que era bueno o malo y esperanzas de lo que se podía cambiar y lo que no se podía cambiar. Ahora no lo haré.
Y no lo haré porque si hay algo que aprendí de 2012 fue que se debe tomar "como van" los eventos que suceden.
Mi 2012 estuvo lleno de altos, de bajos, de idas, de vueltas, de sonrisas y tristezas.
Y 2013 será más interesante...
lunes, diciembre 17
No aún...
Las sombras llaman. Este nuevo camino espera.
Es hora de marchar.
lunes, diciembre 3
¿Y quién le pondrá el cascabel al gato?
La lectura mediática siguió la línea de culpar a los integrantes del (desangelado y decadente) movimiento #YoSoy132 y preparar el camino de un control predefinido por la autoridad mediante el argumento: "si van a gritar, cállenlos". Pero no, no creo que los estudiantes y/o acarreados de las universidades hayan (o quieran) comenzar a poner en su contra la opinión popular de la que tanto dependen, del visto bueno de los adultos mayores y trabajadores ya entrados en años que ven en ellos "lo que a nosotros no nos tocó poder hacer". Aún más, el movimiento siempre se basó en la No Violencia, y una red estructurada de vándalos de tantos lugares diferentes y con herramientas como barretas y picos no es propio de las manifestaciones estudiantiles, sino de grupos reaccionarios más experimentados. Lo cual me lleva al a segunda reflexión.
¿Por qué en una ciudad que se dice tener un gobierno "de izquierda" se dan abusos como los que ayer hubo? Porque es perfectamente entendible que la autoridad reaccione ante una agresión como recibir un petardo o una bomba molotov, pero para nada es justificable realizar detenciones arbitrarias. Lo cual me lleva a la tercera reflexión.
¿Quién se beneficia de todo esto? Por un lado, los más reacios al cambio verdadero, al cambio de fondo que necesita el país, que ven esta barbarie como emanada de la izquierda y la oposición. Por otro, el viejo PRI y sus especímenes como Karam, Osorio Chong y Videgaray capitalizan el linchamiento mediático antiestudiantil e invitan al sesgo informativo de "todos los opositores son estudiantes/pseudoestudiantes", criminalizando el derecho a la protesta. Por el otro, se beneficia Peña Nieto, al presentarse como el presidente que quiere gobernar "bien" y al que "no dejan". Lo cual me lleva a la última reflexión.
¿Cómo será Peña Nieto como presidente? ¿Cómo será México de hoy a 5 años y 364 días?
La respuesta, sin embargo, me horroriza.

