lunes, diciembre 28

Fata Viam Invenient *

偉大な戦士に専用の, Dave-San.

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Yo andaba buscando la Muerte
Cuando me encontré contigo
De ahí tengo el corazón
En dos mitades partido
- "La Ixtahueca", Óscar Chávez


Morí.


Era la primera vez que me pasaba. Era una sensación totalmente diferente a cuando estaba con vida, pues ahora, en esta ocasión, se estaban apagando una a una todas las luces que formaban el rompecabezas de mi ser. Lentamente me fui sumergiendo dentro de una oscuridad cada vez mayor, viendo a mi cuerpo alejarse poco a poco allá arriba, a lo lejos. Cada sonido enmudeció, cada sensación se fue diluyendo, cada color se desvaneció, cada olor se apagó y cuando por fin no logré saber cual era mi destino y dónde estaba, lo comprendí. Por fin había muerto. Y lo más terrible es que lo disfrutaba. Totalmente.

Era sin duda algo diferente, mi corazón estaba extrañamente alegre. Sentía una libertad completa y absoluta, mientras me movía en el vacío que me rodeaba. Desprovisto de un cuerpo, mi espíritu estaba ilimitado en toda su capacidad, y mi mente iba más allá de sus extremos. Sin embargo, algo me mantenía alerta. Una sensación de soledad tan inmensa que era imposible de describir y que se apoderaba de mí, aunque en ese momento no sabría por qué. Y entonces me detuve un instante, mirando hacia arriba de nuevo. Muy a lo lejos, estaba mi Yo físico, dormido de lado en una cama en un cuarto frío. Hacia abajo estaba un gran abismo, negro como la noche, donde mi Yo espiritual deseaba con todas sus fuerzas dirigirse para ser inmortal, uno con todo. Un abismo que me llamaba a cada momento más y más. Y tomé mi decisión.

Volví al mundo, a la vida, con más ánimo. Renací. Yo no deseaba la muerte por mucho que haya disfrutado su preámbulo ni quería que mi vida acabara por mucho que me doliera en ese momento vivir: saqué fuerza de no se dónde para seguir avanzando, porque sabía que la derrota no era lo más grave que se podía enfrentar. Y lo que no quería era perder esos recuerdos que me ataban a esa felicidad sincera que llegué a sentir. Así que ahora estaba de vuelta en el mundo, un mundo que no comprendía sin pensar en su figura, en su sonrisa, en su persona. Y sin embargo lo hice, fui dejando ir poco a poco las cosas que me lastimaban y me quedé con las mejores. Fui feliz sin necesidad de alguien a mi lado.

Pero después vino una ilusión, una bella ilusión, que me costó mucho tiempo y energía lograr consolidar. Cuando llegó a su final, un final amargo y cruento, yo quedé de nuevo en cero. Y sucedió.

Morí otra vez.

Pero esta vez era todo diferente, pues aunque la primera ocasión yo lo había disfrutado a cada momento, esta vez sentía un dolor insoportable e intolerable. Me estaba asfixiando lentamente, toda mi carne gritaba al ser desgarrada al mismo tiempo y yo creí que ese iba a ser el final. Pero no. Mi corazón sufrió dolores inconcebibles que no aminoraron, sino que continuaron aumentando más y más hasta que lograron que me perdiera en la locura... rodeado del vacío, las sombras y la oscuridad que crecía más y más. Aunque ahora deseaba con todas mis fuerzas aferrarme a la vida, no podía, ni todas mis fuerzas lograban sacarme del abismo en el que estaba cayendo más y más.

Pero entonces lo comprendí.

La primera vez que renací, no lo hice totalmente... una gran parte de mí quedó aquí, entre el vacío y las sombras, para aprender de lo que no sabía. En realidad no había renacido totalmente, había hecho más lenta la muerte... y todo el dolor que sentí me dictaba que, contrario a lo que pensaba, estaba más vivo que nunca.

Desde entonces mi corazón ya no es tan grande, como antes: tan grande que no sentía las penas. Ahora es tan pequeño que no caben en él ni mis dolores. La muerte y el renacimiento son lo que le hacen latir, y no sé si en este momento estoy vivo o muerto... sólo sé que estoy avanzando, avanzando a pesar, y no gracias, a mí, en este mar lleno de rostros y recuerdos...

Sólo queda avanzar.



* "El Destino hallará la manera", cita de Virgilio

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viernes, diciembre 25

Reseteando...

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Ya volví y vaya que la ciudad de México es fea...

Pero ni modo, aquí me tocó vivir.

Peace.

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martes, diciembre 22

El Alma Errante se va de errante, osea, de pata de perro

Faltan dos post para completar lo que mis estimados lectores me dejaron como intercambio de su vale. Sin embargo, hoy me dijeron (no ayer, no antier, no mañana... ey, eso último no es posible) que nos vamos a Tecolutla, Veracru'.

Así que el blog se pone en inactividad unos días, lo cual sirve para que los gusanos que lo devoran puedan hacer bien la digestión y que sus almas inmortales aún tengan salvación.

Felixes fiestas a todos. Nos vemos lueguito.

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(yummy)

Dedicado a mi estimado carnal Dalkiel.

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Tal y como me habían pedido, iba a postear aquí las razones de por qué me dejo llevar por la calentura cuando se trata de cosas serias e importantes, y de por qué soy capaz de botar a un camarada por una dama... pero para qué arruinarles el día con una tediosa charla de teoría. Mejor vayamos al grano.

Una imagen (extensa) dice más que mil palabras.

(click al "centro" para agrandar)


Snif...

Ya carnal, perdóname que no te haya llevado a ver a los radiocabezos. Pero andaba idiota... digo, enamorado... digo, ilusionado... digo, estúpido... digo, pendejo... baaah, bueno, tú entiendes. Total, que ni ella fue, ja.

El Karma es justo, don't ya think?

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Es gracioso porque es verdad

Para mi carnal R'.

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La guerra nos define como Humanidad: asesinarse impunemente por los motivos más imbéciles para ser convertidos en carroña humeante es el sello en la frente de todo humano, que versa expresamente "Demasiado gilipollas idiota para vivir". En 15 mil años de historia documentada, sólo han habido escasos 25 (o menos) donde no haya habido una guerra en algún lugar del planeta. La guerra, pues, es nuestra definición por excelencia del cáncer para el mundo que representamos. Está en nuestro inconsciente colectivo, en nuestro código genético, en nuestra naturaleza. La guerra somos nosotros.

Sin embargo, ninguno de los que ha participado en ellas ha tenido una voluntad total propia (al menos eso quiero creer), ya que los reclutas y voluntarios tienen una razón, y esa razón es que creen en una idea (estúpida y errónea, la mayoría de las veces) que los impulsa. Además, es imposuble voltear hacia otro lado cuando la ocasión se presenta: ya estamos demasiado ocupados pensando que las guerras son algo que no llega a nuestras casas, empero las vemos por las pantallas de nuestros monitores, por los cinescopios de nuestras televisiones o escuchamos en la radio las noticias o leemos en el periódico las atrocidades. Cuando por fin la guerra está en nuestra puerta, es algo tan natural que se reacciona sin pensarlo a fondo.

Yo tenía un tío político gringo que se enroló a la U.S. Army justo cuando se divorció de mi tía. Hasta donde supe, su destino era Irak, ese lugar tan interesante, y no sé qué pasó con él... si sigue vivo, si no lo enviaron, si de arrepintió de ir, si llegando desertó o si es un héroe para los suyos por morir en un país ajeno es algo que ignoro. Seguro él supo cuáles son los límites entre estar en una guerra real y lo que suponemos que es la guerra. Porque, en honor a la verdad, estamos rodeados de situaciones, programas, películas, juegos y videojuegos que son un entrenamiento de baja intensidad para una guerra real.

¿Por qué nos gusta tanto la guerra como motivo de juego? Por dos razones. La primera es que es una simulación: no hay los inumerables heridos y amputados, no hay familias rotas, no hay dolor por los caídos. La otra es la agilidad y agudeza para la toma de decisiones que se desarrollan, increíblemente, gracias a estos esparcimientos. Aprendes a valorar cada una de las tácticas de combate, ya sea para ganar por desgaste o para ganar por habilidad. Con el tiempo, comprendes que ninguna de las tácticas usadas es definitiva.

He jugado muchos videjojuegos de guerra, a saber: Warlords, X-COM: Terror from the Deep, las sagas de Age of Empires y Mythology, StarCraft, Warcraft, Warhammer 40000, Oblivion, Earth 2150 y muchos otros que no recuerdo ahorita. Ahora que ya soy más viejo, más amargado y con más dinero, me he dedicado a comenzar mis pasos en el universo de las miniaturas de Warhammer, que siempre quise coleccionar pero nunca tuve dinero para hacerlo hasta ahora.



Incluso me metí en un blog que apenas está comenzando dedicado al hobbie, aunque no he puesto aún algo que sea lo bastante bueno como para la bienvenida. Un pasatiempo de guerra total y por excelencia, que me recuerda que aunque muchos de nosotros disfrutemos de los juegos de guerra, no sabremos cómo actual realmente en una contingencia mayor.

O quizá sí...

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lunes, diciembre 21

Did you see yourself in me?

Para la Srita. Gaby, quizá el post que más me divirtió escribir, por lo complicado del tema.

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Esteja alerta para as regras dos tres:
O que você dá, retornará para você...
Essa lição você tem que aprender:
Você só ganha o que você merece...

- "Silence", Portishead


Corría el año de 2003, quizá el año más difícil de mi vida.

Mi situación académica en la Vocacional era pésima, y como en la otra ocasión ya había hablado, puedo decir que eran tiempos sumamente complicados los que viví en Bátiz. Tanto mi fe, como mi estabilidad emocional y mi futuro quedaron en entredicho, no tanto por el hecho de caerme en el hoyo, sino de no poder salir de ahí. Sin embargo, no me amedrenté y aunque sentía una gran herida el haber "perdido" dos años en el limbo, a finales de agosto de ese año tan tétrico, decidí avanzar, no importándome el costo.

En ese tiempo, al tener mucho tiempo libre de a gratis, ocupé mi tiempo en leer. Gran parte de la colección de Tomo dedicada al mejor escritor estadounidense, Howard Phillips Lovecraft, pasó frente a mis ojos, así como varios libros de otras editoriales que yo compraba en el Metro Bellas Artes (todos los días pasaba por ahí porque era mi ruta). Sin embargo, un día gris y monótono, compré un libro muy diferente a los demás que hasta ese momento había leído.

El libro era "El Lobo Estepario", del alemán Herman Hesse. Después de leerlo, mi vida no sería la misma.

Quizá la naturaleza del libro es bastante especial y difícil, incluso asfixiante para muchos, y otros tantos me dirán que es un mal libro o muy sobrevalorado, que no es lo mejor y que hay mejores libros, incluso escritos por el mismo Hesse. Pero están total y rotundamente equivocados. Por si no leyeron bien, claramente el libro indica que es "Sólo para locos".

Y quizá por eso entendí el mensaje de principio a fin, pues no se apartó de mi lado desde que lo compré. Todo el conflicto interno, todo el problema de no "encajar" con este mundo, la profunda, profundísima realidad de tener un amor no correspondido, el cambio de un ambiente cálido y generoso a uno frío y aprisionante y claro, esa dualidad... esa maldita dualidad que te ayuda a avanzar en un mundo que no es el tuyo a un precio inimaginable, que te da las herramientas para sobrevivir pero que hace sangrar el alma lentamente, convirtiendo a un hombre orgulloso de su sabiduría en una bestia del campo, atemorizada e indolente, todo ello plasmado a cada momento del libro. Al terminar de leerlo, terminé profundamente perturbado, pues sólo avivó el fuego de autodestrucción que ya estaba ardiendo en mí. Sí, completa y total autodestrucción.

"[...] los 'suicidas' se nos ofrecen como los atacados del sentimiento de la individuación, como aquellas almas, para las cuales ya no es el fin de su vida sus propias perfección y evolución, sino su disolución, tornando a la madre, a Dios, a todo. De estas naturalezas hay muchísimas perfectamente incapaces de cometer jamás el suicidio real, porque han reconocido profundamente su pecado. Para nosotros, son, sin embargo, suicidas, pues ven la redención de la muerte, no en la vida; están dispuestos a eliminarse y entregarse, a extinguirse y volver al principio."
- pág. 36, editorial Porrúa

Investigué más acerca del creador de este libro, pues no podía creer lo mucho que me había mostrado. Supe que Hesse pasaba por una profunda crisis emocional cuando lo escribió (justo como en la que estaba) que le hizo intentar quitarse la vida, aunque prefirió no hacerlo. Muchos teorizan que es un libro autobiográfico, cosa que Hesse nunca desmintió ni aceptó. Además, gracias a este libro, pude leer la Sagrada Trinidad del realismo alemán: "El Lobo Estepario" (el hombre frente al mundo), "Demian" (otro imposible de no leer: el hombre frente a sí mismo) y "Siddartha" (más liviano pero no menos interesante: el hombre frente a su Universo). Las situaciones, ideas y, en general, todo lo que me enseñaron los libros de Hesse nunca lo han podido igualar otros libros.

¿Cómo marcó mi vida "El Lobo Estepario"? De muchas maneras. Es el libro que dejó una huella indeleble en mi psique. Primero, me mostró que hay más gente que piensa como yo: esta vida, este mundo es una prisión, aunque como tal, una prisión que a veces es agria o a veces es dulce, de la cual se puede ser libre en ciertas maneras. Después, me enseñó que hay más de una posibilidad: quedarse esperando o intentar seguir adelante o crearte tu propio camino. Finalmente supe, gracias a las anotaciones de Harry Haller, que la realidad, la cruda realidad, es más soportable si aceptas que, en escencia, no estás sólo, jamás. Hay dos, tres... mil seres dentro de ti, esperando poder mostrarse en la mascarada que es la vida, la sociedad, el entorno humano, condenado al fracaso, a la muerte, por la vanalidad que infecta la médula de la creación... y en el momento de mostrarse, tus colmillos serán la única arma que podrás utilizar ante la más grande y absoluta realidad: este mundo es un paraíso o un infierno, tú eres quien lo decide.

Desde entonces estoy tan enfermo, como Harry Haller, de libertad. Esa libertad que está en la responsabilidad de tus acciones en tu mundo, dedicadas a mejorar o empeorar tu entorno para hacer tu existencia, intolerable por la gran amenaza que representa la contaminación de lo que los demás esperan de ti, más complicada que ser simplemente uno más. Yo ya no me puedo detener, pocas veces he decidido hacerlo por unos instantes para, después, avanzar a toda velocidad... avanzar sin importar el costo (que, en mi particular caso, ha sido verdaderamente altísimo) y no puedo esperar a nada ni a nadie. Es por eso que ya no hay algo o alquien que me aten a este mundo. Soy libre... soy realmente libre, pero esta libertad a ratos es imposible de llevar, y daría muchas cosas a cambio de ella. Quizá con el tiempo la única constante de lo que me mostró el libro es lo que le espera a quienes podemos distorsionar la realidad en pro de una convivencia con su mundo más aceptable, aunque eso sea una careta que esconde algo más profundo, especial y peligroso...

Mi infierno puede esperar.

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VII - Horrores en Miralis

Dedicado a un gran bloggero, el buen Signo de la Espada, en pago por un post. Como dato irrelevante, he de decir que lo escribí mientras "Dissolved Girl" de Massive Attack sonaba en mis bocinas.

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(sexta parte)

LOS SEPULCROS VACÍOS

Relato perteneciente a la zona de la altiplanicie de Celdamied, en el Reino del Cenit, que habla del fatídico Largo Anochecer y de la masacre de la Academia de Armas, preservado de boca en boca por todos los hijos mortales que habitan en el reino central.

Si se viaja a través de la Altiplanicie Central, siguiendo la ruta de las caravanas comerciales tan importantes para el Reino de Cenit, el viajero, deseoso de protegerse de los bandidos, seguro decidirá viajar con las caravanas repletas de mercancía y resguardadas por el Ejército Magna o por los rudos mercenarios arkenos, y durante la trayectoria puede admirar las vastas praderas que no tienen fin y muy a lo lejos, dándole forma al horizonte, las montañas de la Cordillera Nevada, que anuncian la entrada al Reino del Oeste. Las rutas comerciales convencionales tardan dieciocho días en realizar la ruta del recorrido y hacen cinco paradas en las ciudades más importantes antes de llegar a su destino en Celdamied, deteniéndose a descansar en las posadas de Kimrit, Tau, Asandim, Varuna y Ardeman. Sin embargo, cuando la caravana ya ha tenido un retraso bastante importante, y es excepcionalmente grande y bien armada, el viajero notará que de Tau se toma un largo desvío hacia el este hasta llegar a una depresión gigantesca, extraña en el panorama de las praderas, con una profundidad considerable. Si llega el atardecer o ya es de noche, la caravana no entrará y acampará muy lejos del agujero, de donde se escuchan a veces extraños sonidos parecidos a risas o largos aullidos. Por el contrario, si es de mañana o antes del mediodía, los líderes de la caravana irán a todo galope sin detenerse un sólo instante, maldiciendo y gritando órdenes de apresurarse más y más hasta salir de la depresión y si el el viajero es atento, en los pocos momentos que tiene para observar lo que hay dentro del cráter, notará varias ruinas de extraña forma, parecidas a las de las tierras del reino minden, en el Este, así como losas de un camino que están casi ocultas por el follaje y lo poco que queda de una torre sin cúpula cubierta por musgo y líquenes. La caravana entonces saldrá de la depresión, tomará el camino del Noroeste y llegará a Celdamied en tres días. Al llegar a su destino, el viajero sabrá que estuvo brevemente en la ciudad muerta de Miralis.
La historia es bien conocida entre los habitantes del reino del Este, aunque ellos tratan de evitar hablar del asunto. Antes de la tercer edad bajo la luz de Silnar, durante el Tiempo del Orden, la altiplanicie estaba habitada por tribus primitivas y nómadas, que veneraban al llamado "monstruo de la sangre", Enumor, a quien se le adoraba de noche en un centro ceremonial situado en una meseta de gran superficie. El templo quizá era la única construcción importante y de tamaño mayor de estos primitivos habitantes de la región. Muchas ocasiones, las tribus entraban a alguno de los reinos para capturar prisioneros y realizar horrendos sacrificios de sangre en la meseta a su deidad pagana. Sin embargo, gracias a la protección de los dioses caóticos, los reinos fueron rechazando los ataques de las tribus de la altiplanicie y muchos líderes mortales iniciaron campañas de conquista que fallaron. Los ejércitos del continente lucharon hasta que los habitantes de las tribus quedaron reducidos a un número no mayor a doscientos mil. Entonces se convino la tregua y se les dejó de perseguir.
Se cuenta que fue Eri-Raken, del reino del Este, quien llevó a cabo la gran purga. Deseoso de expandir el Reino del Amanecer, Eri-Raken llevó a sus legiones de arqueros y ballesteros hacia la altiplanicie para tomar posesión de ella, rompiendo la tregua establecida ciclos antes. Las tribus no tenían ni armaduras ni el armamento a distancia de los arqueros minden, pero lucharon ferozmente contra los soldados del reino del Este y lograron algunas victorias. Sólo cuando el ejército de Escorpiones y el de los Demonios Marinos llegaron a la altiplanicie, las tribus fueron totalmente masacradas, gracias a sus mortíferos y precisos ataques a distancia combinados con las técnicas del dios del agua. Los pocos sobrevivientes se refugiaron en el altar de Enumor, y allí se les exterminó, no sin antes implorar a la deidad nocturna les diera una posibilidad de venganza.
Eri-Raken, como muestra de su victoria, decapitó los cadáveres y puso sus cabezas en estacas, desde el altar de Enumor ahora destruido hasta la entrada de la capital del reino del Este, en Velerian. Los cadáveres fueron enterrados en la meseta y sobre el improvisado cementerio se pusieron losas de cármina y coral, en signo de la victoria del reino del Este. Así llegaron nuevos colonos a las tierras recién conquistadas y con el tiempo se formó una ciudad importante en la altiplanicie. Esta era la ciudad de Miralis, donde se estableció la tercer Academia de Armas del Reino del Este, una construcción impenetrable y gigantesca, con altas puertas y murallas gruesas, conocida por su gran torre de vigía de mármol, dedicada al dios del agua, Kepterion de Berenlir, con forma de flecha y con el tiempo llegaría a ser la cuarta ciudad más importante del reino del Este, superada sólo por la capital Velerian y los Tres Puertos del Océano de las Lágrimas. Pasarían muchos ciclos antes del gran y terrible cambio.
Para ese tiempo, los nuevos habitantes de Miralis habían olvidado la gran victoria sobre las tribus primitivas y su ciudad fundada sobre el exterminio y los deseos de venganza de los primitivos. Antes del duodécimo aniversario de la fundación de Miralis, se pactó que la celebración no tendría límites. Se prepararon grandes festines, se adornaron las casas con flores en las entradas y por primera vez una Academia de Armas abrió sus puertas a los visitantes de todos los rincones del reino que no eran estudiantes para celebrar el aniversario. Ese fue su gran error.
No se sabe con exactitud lo que sucedió, pues las versiones de los sobrevivientes están llenas de exageraciones y distorsiones, producto del miedo más irracional que provocó que muchos se volvieran locos y otros se quitaran la vida. Sin embargo, gracias a los que soportaron tales atrocidades, se ha podido reconstruir una imagen, terrible imagen, de lo que después fue denominado como "El Largo Anochecer".
Durante las festividades, el gobernador de Miralis, Naus-Kilgan, conocido por su seriedad y poca emotividad, elaboró para la ocasión un soberbio discurso acerca de la victoria, la conquista y el placer de estar entre sus gobernados, celebrando un periodo más en la vida de Miralis, evitando hablar de su sangrienta fundación. Todos aplaudieron sus palabras, y mientras el gobernador seguía hablando, un extraño con aspecto de viajero y con la cabeza cubierta por una larga capucha, llegó caminando desde la entrada de la Academia hasta cerca de donde él estaba dando su magna oratoria. Cuando terminó, brindando por Miralis y los asistentes de esa noche, el viajero de rodillas, riendo, y después quedó inerte en el suelo. A los presentes les pareció raro y al acercarse para auxiliar al extranjero, se horrorizaron al descubrir bajo sus ropas un cadáver decapitado, del cual provenía una risa maligna que, entre carcajadas, repetía sin cesar: "Olvidaron...". Ese fue el principio de los horrores que cayeron sobre Miralis.
Las grandes puertas de la Academia se cerraron de golpe, mientras más y más extraños seres con las mismas ropas que el viajero salía de entre los huecos oscuros de los cuartos de la Academia, solo para mostrarse como los cadáveres decapitados que eran. La gente, petrificada por el miedo, entonces comprendió lo que sucedía y al silencio e inmovilidad de la sorpresa siguieron el horror y el pánico de la huida, así que la concurrencia comenzó a tratar de escapar, no importando el medio, los unos saltando por las ventanas y encontrando la muerte gracias a la altura, o los otros abriéndose paso entre las criaturas, encontrando la muerte gracias a las grandes garras y bocas llenas de colmillos situadas en el vientre de esas abominaciones.
La guardia del gobernador intentó combatirlos, pero no pudo hacer frente ante una fuerza que aumentaba momento a momento. Escalaban las altas murallas para entrar por las ventanas, bajaban por la torre de vigía, rompían las baldosas de los niveles más bajos para salir de la tierra hacia la masacre que estaba sucediendo en la Academia de Armas. Venían de todas partes de la ciudad, riendo, aullando, con verdadera felicidad. Algunos creen que en aquella ocasión, en el Largo Anochecer de Miralis, los horrores que la habitaban esperando el momento exacto desde hacía edades, lograron tener su venganza.
Hemos dicho antes que, aunque hubo sobrevivientes, no se sabe con exactitud qué fue lo que pasó en Miralis. Muchos hablan de locura, de demencia o de un frenesí extraño, que sugestionó a los habitantes de la ciudad a tal grado de destruirse. Otros hablan de una maldición, y los menos, de venganza. No podemos contestar esa pregunta, a pesar de todo...
Tres días pasaron antes que los habitantes de la ciudad más cercana, Imeria, que en la actualidad es llamada Tau, se dieran cuenta que algo no iba bien en Miralis. Algunos campesinos y mercaderes fueron a investigar mañana, y cuando vieron la torre de vigía en llamas, volvieron para avisar a la guardia de honor de Imeria que necesitaban de su ayuda. Los soldados y pueblerinos llegaron la mañana del quinto día después del Largo Anochecer, encontrando un pueblo totalmente desierto. Alarmados por la inactividad de la que fuera una ciudad muy importante, siguieron en camino hacia la Academia de Armas, y fue necesario la fuerza combinada de todos ellos para abrir las puertas y descubrir las abominaciones de su interior.
Al centro, apilados uno contra otro, yacían los cuerpos decapitados de los habitantes de Miralis. Las paredes, así como las baldosas del piso, estaban totalmente ensangrentadas y la sangre seguía inexplicablemente fresca. Al centro, el cuerpo decapitado del gobernador Naus-Kilgan, reconocido por su anillo de bina, tenía escrito algo ilegible, imposibe de leer en su totalidad por las manchas de sangre en sus ropas. Sólo se podía ver la última parte, "...UMOR".
El grupo, enfermo y horrorizado por tales atrocidades, entonces comenzó a buscar sobrevivientes. Llamaron a grandes voces y escucharon algunas respuestas. Muchos se salvaron escondiéndose en los cuartos de los estudiantes y atrancando las puertas apenas empezó la masacre, por eso no vieron lo que pasaba afuera. Otras simplemente desmayaron, y fueron encontradas debajo de pilas enteras de cadáveres, sin saber más que inciertas visiones de criaturas imposibles. Nadie se había movido por hacer escuchado todo el tiempo risas y gritos en todo momento, que se intensificaban de noche, y los arañazos de las bestias y los gritos de los nuevos muertos los disuadieron de salir o moverse.
Empero, afuera en la ciudad, no había un sólo rastro de sangre, ni un sólo cuerpo... Los cadáveres parecían tener heridas de flechas y lanzas, armas por excelencia del reino del Este, y las cabezas jamás fueron encontradas. Otra cosa extraña en la ciudad fue que, a cierta distancia de separación, habían agujeros en el suelo de poca profundidad, que estaban por todos lados, incluso en el sótano de la Academia de Armas.
Los pocos sobrevivientes se fueron de la ciudad esa misma mañana, pues no querían estar un sólo momento ahí. Muchos se fueron al reino del Este y relataron lo sucedido, aunque nadie les creyó, y varios fueron encarcelados por agitar a los pobladores de Velerian. Todos aducieron a algún pecado cometido contra el Magnánimo Kepterion de Berenlir, el dios del agua, que hizo que los habitantes se exterminaran el uno al otro, aunque el asunto de las cabezas fue difícil de explicar. Tiempo después, después de consultarlo con los sabios del reino, por órdenes de Eri-Raken, se prohibió a los minden volver a Miralis, y pisar el terreno de la altiplanicie sin la protección de los soldados reales. La ciudad fue totalmente abandonada y es un tabú hablar de ella.
Lo último notable que sucedió con Miralis fue su inexplicable hundimiento. De ser una meseta elevada ahora es una depresión, que el paso del tiempo devora a una velocidad increíblemente rápida. Cuando nuestras diosas fundaron nuestro reino en la altiplanicie, la diosa de la muerte, Exerat de Merabetta, prohibió que cualquier mortal entrara de noche a lo que queda de Miralis, aunque la causa nunca nos la dijo. Lo único que nos dijo es que era un sitio condenado.
Aunque quizá todo sea una coincidencia, o fenómenos que pueden tener una explicación normal,
algo debe habitar esas ruinas. Un mal que en el día no sale a cazar, pero que en la noche ruge y se regocija. Para nosotros los de Cenit, siempre nos ha parecido raro que el viento traiga a nosotros por la noche risas extrañas y macabras, justo de donde antes existió la antaña ciudad de Miralis.

(continuará)

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